Ribera del Duero de las que no buscan el aplauso fácil. Tempranillo criado en roble, con la fruta madura que da el Duero pero sin excesos de madera: la crianza está para sostener, no para tapar. Un vino con cuerpo y recorrido, de los que ganan en la copa según va avanzando la cena. Pide carne a la brasa, cordero o un queso curado con carácter. Mejor abrirlo con media hora de antelación.


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