IGP Vino de la Tierra de Castilla y León

Vinos de toda Castilla y León que quedan fuera de las denominaciones clásicas. Suele ser el refugio de los proyectos más libres: viñas viejas, uvas poco corrientes y hallazgos a precio razonable.

Vinos de la Tierra de Castilla y León

Reconocida en 2005, esta indicación geográfica abarca todos los municipios de Castilla y León y figura un escalón por debajo de las denominaciones de origen en la clasificación oficial. Conviene aclarar qué significa eso y qué no: significa menos restricciones de variedades, zonas y crianza. No significa peor vino.

De hecho, esa libertad es justo lo que la hace interesante. Aquí caben los vinos que no encajan en el reglamento de una D.O. porque usan una uva que esa denominación no ampara, o porque la viña está a diez kilómetros de su límite. Y ahí es donde sobreviven las variedades autóctonas que estuvieron a punto de desaparecer.

El prieto picudo

Uva tinta de la zona de León, de racimo apretado —de ahí lo de «prieto»— y grano puntiagudo. Da vinos de color intenso, acidez alta y fruta roja muy marcada, con un punto fresco que no esperas de un tinto castellano. Pero donde de verdad brilla es en rosado: los rosados de prieto picudo son de los más singulares de España, con color cereza, cuerpo y una viveza poco común.

El albarín blanco

No confundir con el albariño gallego: son uvas distintas y no están emparentadas, aunque el nombre invite al error. El albarín es una variedad blanca minoritaria del noroeste, recuperada hace relativamente poco de la casi extinción. Da blancos aromáticos, florales y con fruta blanca y de hueso, y una acidez fina que los mantiene vivos. Quien lo prueba por primera vez suele preguntar por qué no lo conocía.

Qué encontrarás aquí

Tintos y rosados de prieto picudo, blancos de albarín y de godello, vinos ecológicos y elaboraciones que en otra denominación no cabrían. Es nuestra sección menos previsible y, a precios de entre cuatro y ocho euros, la que más sorpresas da por lo que cuesta.

Cómo beberlo

Los tintos de prieto picudo agradecen estar algo frescos, entre 14 y 16 grados, porque su gracia está en la acidez y el frío la realza. Los rosados, entre 8 y 10. Los blancos de albarín, entre 9 y 11 y en copa ancha. Maridan con embutido de la tierra, cecina, carnes blancas, pescado al horno y guisos de legumbre.

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